
Fernando de Herrera (1534-97), llamado “el divino”, fue uno de los grandes líricos del Renacimiento español, y cuya muerte se halla rodeada por un halo de misterio: ninguno de sus contemporáneos parece conocer el lugar de su sepultura y, al poco de su fallecimiento, muchos de sus escritos desaparecieron inexplicablemente.
Entre los fragmentos de sus poemas perdidos se encuentran los primeros cuatros versos de la presente composición.
Basado en un libro de sus poesías, la mayoría de los sonetos escritos por el divino siguen el esquema ABBA-ABBA para los cuartetos y sólo uno aparece construido en serventesios.
Se trata del soneto que empieza: “Alégrate, Danubio, impetüoso…”.
En vista de ello, he tomado de éste su esquema global de rimas.
Asimismo, teniendo en cuenta los acentos rítmicos predominantes en los endecasílabos del cuarteto herreriano, utilizo para su continuación el heroico puro, es decir, el acentuado en las sílabas 2º, 6º y 10º.
Tendió los brazos luego, alzó la mano
tres veces a la imagen fugitiva;
tres veces, abrazando el aire en vano,
probó abrazar aquella sombra esquiva.
¿Acaso eres mi Luz, mi amor arcano?
clamó, pero con voz dubitativa
temiendo de la muerte ya el cercano
arribo en esa imagen sustantiva.
No temas, con acento cristalino
repuso aquella sombra dulcemente,
al par que su semblante descubría.
No temo ya, respóndele el divino,
contigo nada temo ciertamente,
contigo sí voy … ¡ínclita María!